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RELATOS ERÓTICOS PLACER PRIVADO

Los pechos de Marta

Lo primero que me llamó la atención de Marta fueron su hermosas y grandes tetas. Por supuesto, no se trataba de una apreciación subjetiva y personal, era una realidad tangible; a todo el mundo le sucedía lo mismo...

Cada vez que me cruzaba con ella, cada vez que tenía la oportunidad de conversar telefónicamente o por cualquier motivo se me venía a la memoria, al poco tiempo e inconscientemente comenzaba a tararear una canción de Javier Krahe: " Con verte en ropa interior ya me digo: ejem, ejem, tus tetas son lo mejor, que me ha ocultado un sostén..."

No era para menos. Marta usaba una 110; sus pechos, además de voluminosos, estaban muy bien formados, con una redondez casi perfecta. Una proporcionada aureola ponía cerco a los pezones que se levantaban heniestos, como pretendiendo buscar una libertad que a menudo se les negaba.

Al contrario que otras chicas de su misma edad, Marta no sólo no sentía reparo alguno en ocultar aquellos preciosos atributos sino todo lo contrario. Normalmente vestía ropa ajustada, la cual permitía hacerse una idea muy aproximada de la deliciosa ambrosía que atesoraba. Unos generosos escotes hacían perder la mirada entre dos cumbres vírgenes deseosas de ser exploradas, discurrir por sus desfiladeros y hacer acampada en su cumbre.

Pero, como tuve ocasión de saber de buena tinta, Marta no sólo tenía el privilegio de disponer de unos pechos grandes, hermosos, perfectos... Ni la suerte de no tener complejo alguno y mostrar todos sus encantos con orgullo. También los sabía utilizar con destreza y gran habilidad, tanto a la hora de atraer a la futura presa, como a posteriori, para doblegarla de placer ante sus pies.

Contaban las malas lenguas que Marta era una "calientapollas" por traer la ropa ajustada, por mostrar sus atributos de forma tan complaciente... Sin embargo, lo que hacía Marta normalmente era entregarse por completo, elegir la mejor presa y dejarla sin fuerza merced a sus encantos femeninos, a sus juegos, preludios, a su insanciable apetito sexual. Nunca estuve de acuerdo en ese punto; Marta no era para nada exigente, simplemente, escogida. Jamás se iba con cualquiera y menos con el primero chico que se asomaba al infierno de sus encantos.

Cuando un chico le gustaba, después de dejarse largo tiempo cortejar y hacerse la estrecha, daba un vuelco radical a su comportamiento, a todo cuanto podía esperarse de ella conociéndola superficialmente; hasta convertirse, como algunos decían, en una verdadera ninfómana. Así lo expresaba al menos un buen amigo de ambos...

Yo les había presentado una tarde en que ambos coincidimos. Paco adivinó mi presencia a lo lejos, entre la multitud, quizás mi risa me delatara. Se abrió paso entre la multitud y me saludó. En aquel mismo instante les presenté. Muy pronto Paco se sintió atraido por Marta, quedando hipnotizado, absorta su mirada en su escote, como queriendo deslizarse por él una y otra vez hasta llegar a un valle no menos encantador y delicioso.

Me contó que durante largo tiempo Marta respondía con ironías a todos sus comentarios, mostrándose borde y hasta antipática por momentos. No obstante, tampoco parecía que su compañía le desagradara. Tomaron unas cuantas copas juntos, visitaron varios lugares y fueron a acabar en el apartamento de un amigo de Paco "ausente por vacaciones". Paco, siempre tenía una copia de la llave por lo que pudiera pasar... Quizás aquella era la primera vez que la usaba..

La actitud de Marta sin ser la misma que en un principio, no dejaba de ser ambigua y desconcertante. Por una parte sus gestos, sus movimientos parecían el ritual de un cortejo que muy pronto llegaría a su fin. Por otro, sus palabras seguían manteniendo un tono hostíl difícil de interpretar. Todo cambió radicalmente nada más cerrarse la puerta del apartamento...

Paco, no estaba acostumbrado a manejar aquella cerradura e intentaba asegurarse de que todos los pasos que había dado para asegurarse de que la puerta estaba convenientemente cerrada habían sido los adecuados. Absorto como estaba, al darse la vuelta se encontró en brazos de Marta, sintiendo sus enormes tetas en su pecho, y sus labios besándole como una loba en celo.

Allí estaba él, en mitad del pasillo, completamente desnudo mientras Marta seguía acariciando su cuerpo sin tregua alguna, comiéndole la boca con sus labios carnosos, metiendole la lengua hasta el fondo y sintiéndola incansable moverse dentro de ella de un lado para otro.
Cuando tuvo la más mínima oportunidad, se disculpó con la excusa de acudir al baño. Permaneció unos minutos hasta acudir nuevamente a los brazos de Marta. Mientras se lavaba las manos, contempló su rostro en el espejo... Tenía una sonrisa en los labios fruto del apetitoso regalo que le esperaba al otro lado de la puerta del cuarto de baño. Pero, también estaba asustado ante aquella mujer que acababa de conocer... Aquella mujer que también le esperaba detrás de la puerta y que le hacía sonreir de felicidad; aquella mujer que en principio le pareció una "calienta pollas" como a tantos otros, una estrecha en realidad escondida en su halo de mujer fatal... Hacía apenas unos instantes le había dejado de piedra y sin aliento.

Salió del cuarto de baño y se dirigió al salón, pero no había rastro de Marta por ninguna parte. Sólo permanecía encendida la luz del pasillo. Contempló entreabierta la puerta de la habitación... Paco, abrió despacio la puerta mientras escuchaba la voz de Marta invitándole a pasar. Según abría la puerta, la luz del pasillo se colaba en la habitación permitiendo contemplar a Marta tendida en la cama, completamente desnuda y cubierta por una finísima sábana. Paco se dirigió decidido hasta la cama y sin dudarlo un momento se avalanzó sobre Marta y comenzó a tomar la iniciativa...

Mientras apartaba la melena de su rostro la besó en los labios apasionadamente, deslizando luego sus manos por todo el cuerpo de Marta. Primero, con la palma de sus manos adivinando su contorno, acariciándole las piernas, el vientre; luego, con la punta de los dedos.
Durante un buen rato siguió besándola apasionadamente, pasando la lengua por sus labios, besándola en los hombros sin llegar a ninguna de sus partes más erógenas. En un momento dado, Marta tomó una de las manos de Paco y se las puso sobre sus pechos: -"Me encanta que me soben las tetas". Fueron sus únicas palabras...

Paco empezó a ser consciente del apetitoso tesoro que tenía en sus manos y la invitación le hizo perder cualquier temor infundado. Comenzó con sus manos a recorrer sus tetas, a dibujar su contorno con sus dedos, acariciarle los pezones que se levantaban complacientes a sus caricias. Sus pechos le enloquecían... Muy pronto su lengua resbaló hacia ellos y los saboreó largamente, besándolos una y otra vez, jugando con sus pezones, mientras con una mano le acariciaba la otra teta, la sobaba, estrujaba, intentando ser totalmente consciente de lo que tenía allí, a su alcance y sólo para él.

Parecía como si se hubiera olvidado del resto de su cuerpo... Seguía con su boca mordiendole los pezones mientras una mano se deslizaba colinas abajo buscando un valle encantado. Despacio, su mano llegó hasta su vientre, acariciándolo durante unos instantes antes de seguir su camino. Cuando se quiso dar cuenta, una de sus manos le acariaba el chochito. Paco, sin dejar el sabroso manjar que tenía en su boca, abrió los ojos... Marta estaba completamente depilada!!!.
Le acarició todo el chochito esparciendo por todo él y por su trasero todos los jugos que brotaban de él. Marta comenzaba a suspirar y a gemir de placer.

Paco no vaciló un instante e incorporándose, acudió a saborear todo su chochito. Besó y lamió primero el lugar que debía ocupar el monte de venus y que ahora parecía completamente desierto. Le gustó aquella sensación... Luego, su lengua fue resbalando despacio hasta los labios mayores recorriéndolos una y otra vez. A cada paso, la presión era mayor, permitiendo que su lengua se adentrara más y más en el sexo de Marta. Finalmente, pretendió penetrarla débilmente con su lengua, lamerle todo su agujerito.

Así estuvo largo rato, sin olvidarse cada poco de tomar en sus manos sus enormes tetas; aquello le excitaba aún más. Su lengua ya comenzaba a jugar con el clítoris y a moverlo de un lado para otro incansable. Marta se movía de un lado a otro fruto del placer intenso que recorría su cuerpo; aquel placer que parecía brotar de su clítoris y extenderse por todos los poros de su piel.
Paco seguía su tarea, casi feliz de llevar él la iniciativa y que Marta simplemente se dejara hacer. Pero, estaba muy equivocado...

Cogiéndole suavemente por la cabeza Marta le apartó. Luego, se abalanzó sobre él y se puso de cuclillas sobre su miembro. Primero, cogiendo la polla de Paco con una mano, la fue restregando por todo su sexo de arriba a abajo, buscando que ésta le estimulara en especial el clítoris. A continuación, se sentó bruscamente sobre la polla de Paco cabalgando durante largo tiempo, haciendo movimientos giratorios, dejando caer su cuerpo hacía delante para besarle largamente, dejándose caer hacía atrás mientras apoyaba los brazos. Luego, permaneciendo de cuclillas, agachó su cabeza todo lo que pudo para contemplar como entraba y salía de su chocho el miembro de Paco. Siguió largo tiempo como una loca cabalgando y sintiendo un gran placer recorrer todo su cuerpo mientras gemía y gemía hasta que por fin se dejó caer sobre el cuerpo de Paco totalmente exhausta y satisfecha mientras seguía gimiendo y suspirando de placer.

Paco se limitó a acariciarle la espalda con sus dedos. Los jadeos de Marta se iban perdiendo poco a poco junto a su oreja.
Marta se incorporó e hizo que Paco se pusiera de pies al lado de la cama, sobre la alfombra, mientras ella permanecía de rodillas sobre la cama. Mirándole a los ojos, tomó su polla entre las manos y comenzó a acariciarla; después, comenzó a lamérsela de arriba a abajo deteniéndose durante unos instantes a subcionar con su lengua los líquidos que emanaban de su polla.

De repente, introdujo solo una pequeña parte de su polla en la boca y comenzó a meterla y sacarla de ella con suaves movimientos sin llegar hasta el fondo. Seguidamente, sus labios se adaptaron a los pliegues de su miembro y comenzaron a hacer suaves movimientos con su cabeza intentando hacer cuanta presión le era posible, subcionandolo luego como queriendo tragarse sólo aquella pequeña parte de su hermosa polla.

Paco ladeaba la cabeza de un lado a otro mientras suspiraba y gemía. Marta, comenzó a masturbarle con una mano mientras introducía toda aquella polla en su boca, sacándola y metiéndola, haciendo los movimientos cada vez más rápidos según iba comprobando que Paco estaba a punto de correrse. Sacó la polla de su boca repleta de jugos y acercándose a él se la metió entre sus dos tetas. Tomó sus tetas con ambas manos, intentando hacer presión sobre su polla, mientras movía su cuerpo permitiéndo que aquel miembro se deslizara por entre ellas una y otra vez. Paco bajó la cabeza a punto de correrse... Contempló su polla en medio de aquellas dos hermosas tetas durante unos instantes y echando la cabeza hacia atrás sintío como de su polla descargaba todo el contenido en el pecho de Marta. Inclinando nuevamente la cabeza, vio como su leche resbalaba por entre aquellas tetas... Marta, después de un momento, tomó nuevamente su polla en la boca y dió sobrada cuenta de lo poco que aún quedaba.

Si alguna vez tenéis la oportunidad de conocer a Marta, comprenderéis todo cuanto os digo. Si, además, sois agraciados con gozar de todos sus encantos, os puedo asegurar que seréis los hombres más afortunados de este mundo.



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